lunes, 19 de enero de 2015

Arroz del olvido para recordar

Nunca gano nada. Así que me voy a dejar de tonterías. Expat, Autoestopista, me retiro. Entre vosotros queda la lucha por ver quien es capaz de ser más irregular publicando.

Cuando preparé este arroz (puede que haya ingredientes que ya no existan), estaba segura segura segura, al 100% de cien (!!!) de que lo publicaría al día siguiente, vamos, inmediatamente. Estaba taaaaaaaaaaaaaaan bueno, que quería compartirlo a toda costa.

Tan bueno no estaría entonces, si has tardado tanto.
No, ¡no os fiéis de mis actos! [Pero sí de mi palabra...]
Como veis, el menú estaba en el olvido, pero era una pasada... ¿Abuelas, yo?
Estaba buenísimo, pero luego lo dejé, lo dejé, lo dejé... Y ya dad gracias de que haya encontrado la receta en mi ordenado cuaderno.
Dad aún más gracias, fui anotando las observaciones y aún se conservan.
Y es que anotarlas no es lo inusual, lo extraordinario es que no están tachadas con soja, chocolate o algo así (fijo entonces que ese día el postre no llevaba chocolate, si vierais las caras del taster ante mi libreta de recetas...).
Mmmm, ¡eso de ahí arriba es lo que yo quería!
Era una receta de Ottolenghi... Pero ya no sé si seguía la receta o hice una fusión entre el mejadra y el enjoyado, o algo, o directamente empecé haciendo uno y terminé haciendo lo que me dio la gana...
Solo recuerdo que quería hacer uno de esos arroces para acompañar los kebabs, y que tenía muchas ganas de comer garbancitos y cebollita crujiente...

Arroz con garbancitos y cebollita crujiente
Ingredientes (para 2 personas, aunque no os importaría zamparlo sin compañía):
Arroz...
- 1 cucharadita de aceite
- 20 gramos de arroz salvaje
- 70 gramos de arroz basmati
- Menos de 1/8 de cucharadita de sal
- 110 ml de agua
Garbancitos crujientes...
- 80 gramos de garbanzos cocidos, bien escurridos del líquido y bien sequitos (yo los pongo al aire, sobre papel de cocina durante muuuuuuuuuuuuuuuuucho rato)
- 1 cucharadita de aceite
- 2/3 de cucharadita de comino
- 1/2 cucharadita de curry
- Menos de 1/8 de cucharadita de sal
Cebollita crujiente...
- 1 cebolla pequeña cortada en tiras o aritos (lo que salga) muy finitos
- 1-2 cucharaditas de harina (yo usé harina de garbanzos)
- 30-60 ml (2-4 cucharadas) de aceite
- Curry
- Pimentón
Y además...
- 35 gramos de pasas o arándanos secos (eso pone en mi libreta, pero yo usé un puñado de anacardos tostaitos)
- 2 cucharaditas de perejil (no puse)
- 1 cucharadita de cilantro fresco (yo usé molido...)
- 1 cucharadita de eneldo (yo usé seco)
- Pimienta

Preparación:
1) Cocer el arroz salvaje en un cacito con mucha agua durante unos 25 miutos.
Colar y reservar.
2) Calentar a fuego alto 1 cucharadita de aceite.
Añadir el basmati, sal y saltear removiendo bien.
3) Añadir el agua hirviendo, tapar y cocer durante 15 minutos.
Destapar, poner un paño, volver a poner la tapa y reposar durante 10 minutos.
4) Calentar en una sartén pequeña 1 cucharadita de aceite.
Añadir el comino y el curry y saltear 1 minutito.
Añadir los garbanzos, sal y cocinar hasta que estén doraditos y crujientes, unos 5 minutos.
5) Mezclar en un cuenco la cebolla finita con la harina.
Calentar el aceite con un poco de curry y pimentón.
Cuando esté bien calentito añadimos con unas pinzas la cebolla y freímos 2-3 minutos, que se dore.
Secar en papel de cocina.
6) Mezclamos los dos tipos de arroces (si han enfriado, los recalentamos en la misma sartén de freír los garbanzos) con los garbanzos crujientes, las pasas o anacardos, perejil, cilantro y eneldo (si los usamos), y ajustamos de sal y pimienta.
Ponemos por encima la cebolla, y listo :)
Hace justo un añito:
¿Y hace dos? ¡Qué pesada!
Eso sí que es ser pesada, las reliquias de hace tres años

martes, 6 de enero de 2015

Roscón de Reyes (perverso, sacrílego, para no enseñar...)

[[[Los enlaces, receta y correcciones si me he comido letras u olvidado tachones, ya en otro ratito]]]

Este año no quería traer a casa un roscón típico. Quería improvisar, dar un toque, hacer algo diferente. Al igual que Pierre Hermé, Michalak, o sin irnos tan lejos, un Nunos o Mama Framboise, hacen reinterpretaciones de recetas tradicionales y le dan una vuelta a los postres típicos de fechas destacadas. ¿Por qué yo no?
La fusión entre nuestro roscón y el brioche con pralinés rosas. Un adiós a la fruta confitada que todos íbamos a apartar, menos mi padre.
Adiós agua de azahar, hoy paso, voy a darle otros sabores a mi roscón.
Voy a optar nuevamente por una forma distinta, que no se haya visto nunca. Nunca nunca nunca.

Vale, antes de que el taster cuente la verdad, y porque no quiero tener que pagar chantajes, y me temo que no os estabais creyendo todo esto, voy a contar la verdad.
Un accidente.
Una serie de accidentes.
Que provocaron incluso comer el sushi a toda prisa. ¡¡Yo!! ¡¡Que solo compro sushi si tengo tiempo para comérmelo relajadamente y tardando lo que me dé la gana!!

Y es que, los que me conocéis (los seguidores del taster, digo), sabéis que tengo mucho morro. Que preparo sacrilegios en la cocina, hago gala de mi osadía por aquí, y ni me confieso después. Que publico cosas que no son receta. Que uso preparados de Knorr para hacer salsas. Que soy adicta a las sopas de sobre, le pido a mi madre que me haga sopa casera preparando un caldo con media pastilla de Avecrem y media de Knorr, y que en mis tiempos de cocinera no experta bloguera no tenía menos de 6-8 cartones de caldo en la despensa (sí, como si fuera leche). Eso sí, en ellos ponía caldo de la abuela.
Me estoy dispersando...

Ya había maltratado anteriormente un roscón de Reyes, pero lo de este año no tiene nombre. Sacrilegio no es suficiente. Aberración se queda corto.

Todo empezó cuando no encontré el agua de azahar en mi despensa (no preguntéis por mi despensa, solo un compañero de minihorno lo entendería), ni en el trastero.

[Breve pausa: Obviamente, puesto que el agua de azahar estaba en casa de mis padres, de cuando hicimos el anterior roscón]

Además, el taster (culpable) se llevó el ron en Nochevieja.

Y para colmo, el día de preparar el roscón me enredé en El Corte Inglés (no os lo cuento, porque vais a pensar que es una leyenda urbana, según la cual en poco más de 12 horas tengo para recoger en tienda un pedido hecho un web, y eso nadie se lo cree).
Así que este roscón está hecho a mala leche. Sin azahar, con aroma de ron en lugar de ron, y con el huevo puesto en frío, dos mantequillas puestas a distinta temperatura, un levado incontrolado (de perdidos al río, me dije, y tras preparar semejante masa me piré de casa importándome poco lo que pudiera pasar en ese bol engrasado y cubierto con un trapo) y un largo historial de batallitas rosconeras.

¡¡Había regalito!! Sí, sí, no me denunciéis aún. Haba no, pero regalitos sí, tanto en el roscón señor (no, no es el otro, es el de las fotos), como en el hecho con los retales. Que por cierto, no me quedó mucho mejor que el ombligo mutante que hizo el taster el año pasado (e igual que él, he decidido no dejar pruebas fotográficas que me acusen).
¿¿Qué?? ¿¿Hay eggs de servirse un trocito?? ¿¿O mejor vais a casa de Javi o Liliana, que se han decantado por roscones de verdad??

En realidad, si queréis la versión con aroma de azahar y demás, mi receta es idea era la misma que en el roscón de 2014, que cogí prestado a mi amiga desaparecida finlandesa (de palo, como mi roscón).
La diferencia es que aromaticé la leche en lugar del azúcar. Además de obviedades varias.

Roscón sin identidad
Ingredientes (para un roscón grande y uno pequeño):
- 300 ml de leche
- 1 limón, la piel
- 1 naranja, la piel
- 1 cucharadita de aroma de ron
- 100+20 gramos de azúcar
- 10 gramos de levadura seca de panadería
- 1 huevo L
- 450 gramos de harina
- 1/2 cucharadita de sal
- 100 gramos de mantequilla, blanda
- 100 gramos de pralinés rosas
- 1 huevo + 1 cucharada de leche, para pincelar
- Azúcar perlado

Preparación:
1) Calentar en un cazo la leche con la piel de la naranja y el limón, hasta casi hervir.
Sacar del fuego, añadir el aroma de ron y reposar un par de horas, o toda la noche.
2) Templar de nuevo la leche, añadirle 20 gramos de azúcar, la levadura y dejar reposar 10-15 minutos, hasta que espume.
3) Mezclar en un bol amplio (o el del robot) la mezcla de levadura con el huevo (que bajo ningún concepto ha de estar recién sacado del frigorífico, queamímelohancontado) y otros 100 gramos de azúcar.
3) Cuando esté bien incorporado añadimos la harina y la sal, poco a poco, hasta integrarlo, y luego amasamos a mano o con el robot, hasta que esté homogéneo.
4) Agregar la mantequilla (que bajo ningún concepto puede estar medio derretida y medio horriblemente fría, queamímelohancontado, sino en punto de pomada) en cachitos (que bajo ningún concepto en dos bloques de unos 50 gramos, por mucha prisa que tengamos, queamímelohancontado) y amasar hasta que esté integrada y consigamos una masa elástica y suave.
Poner en un bol engrasado, tapar con un paño o film y levar en un lugar templado durante 2-4 horas o hasta que doble.
O bien lo dejamos en lugar templado, pensamos que esto va a ser una mierda desastre porque lo hemos hecho rápido y con prisa y decidimos que leve a su bola, que si al volver vemos que efectivametne era una mierda desastre, lo tiramos y ya está, pero que la tarde del domingo no nos la jode joroba nadie, que va a caer un frapuccino de gingerbread latte.
5) Tras el generoso levado, desgasamos la masa, amasamos un poco en la encimera enharinada, añadiendo unos 70 gramos de los pralinés, e incorporándolos en la masa.
6) Formamos bolitas de 100 gramos de peso (que como veis, no quiere decir que queden iguales).
Escondemos el haba (queamímelohancontado) en una y el regalo (que encontrará mi padre en el primer intento, matando la emoción, como siempre) en otra.
Las colocamos en una bandeja de horno forrada con papel, un poco espaciadas, porque crecerán nuevamente en el segundo levado y un pelín en el horno.
Con lo que sobra formamos un roscón enano y repetimos operación de haba y regalito.
7) Tapamos de nuevo y dejamos levar en un lugar que ya no estará tan templado (queamímelohancontado) durante 30-90 minutos.
En nuestro caso no fueron más de 45 minutos.
8) Pincelamos el roscón con el huevo batido con leche, echamos por encima el resto de pralinés y azúcar perlado y horneamos a 200º durante 5 minutos y a 180º durante o tros 20-25 minutos.
Si se dora antes de tiempo, lo tapamos.
Enfriar en rejilla.
Y ya solo tenemos que conseguir que el taster se lleve el roscón, torpemente envuelto, y no lo destroce, que el roscón sobreviva las curvas del camino (al menos esta vez, la rotonda existía ante sus ojos) y que en tu casa hagan todos como si se tratara de un roscón de Reyes.

Y es que prefiero hacer como que todo esto no me ha pasado a mí.

Hace justo un añito: Y yo que pensé que este roscón ya era sacrlílego...
¿Y hace dos? ¡Qué pesada! Hice dos, aún guardaba las tradiciones...
Eso sí que es ser pesada, las reliquias de hace tres años ¡Me estrené!

lunes, 22 de diciembre de 2014

Navidad... ¡¡y yo con estos pelos!!

No podía ser peor...

Me meto en Google Imágenes y tecleo Spekulatius panna cotta, con la idea de buscar una presentación cuqui o una receta especial, pensando en el postre del día de Navidad.

Entre los primeros resultados aparece él. O ella. O él.
Él, el taster y su panna cotta.
Ella, la panna cotta que el taster monstruizó.

Qué horror.
Qué disgusto.
Y qué fama más mala.

Os dejo el índice navideño, por si aún así os quedan ganas...
...y por si de aquí al 31 sigo sin publicar algo navideño.

Si sigo así, ¡los Reyes no me van a traer nada de nada!