miércoles, 24 de abril de 2013

Piadine de verduritas y ricotta

Sí, ha habido piadine en casa.
No se ha notado, ¿no?

Y mientras el taster se zampaba su tantuni, yo me comía esta tortita rellena de verdura, que a mí me gusta más que el pollo.
Pero el taster solo probaría esto si estuviera en Berlín, se muriese de hambre y tuviera que estar en una exposición a una hora indicada, lo cual le impediría poder acercarse a un lugar donde hubiera algo de su gusto. Pero en esta situación, el taster no tendría que tomar esta piadine de verduras (¡ya quisiera!), sino que tendría que conformarse con un sándwich de sauerkraut, chucrut, col (lo pongo de varias maneras para que el taster las deguste todas si hoy me lee). [Léase sin respirar]
Sí, ¿para qué usa esta chica el condicional, si lo que cuenta no está tanto en su imaginación como en sus recuerdos?
Fue un momento taaaan genial.
Y después, al salir de ese sitio, vimos a un hombre caminando por la calle con bragas y sujetador (por encima de la ropa, al menos era un hombre decente).
Un día para no olvidar, ¿eh?
Pasarán los años (de hecho ya han pasado algunos) y yo seguiré recordando (y recordándole al taster y a todo el que me quiera no tenga más remedio que oír oírme) la batallita del sándwich con chucrut.

Dejo para otro día la de la grasa del jamón en el bocadillo que se tomó en el aeropuerto de Barajas.
Recordadme que os la cuente.
Sé que no lo haréis.

En fin, os dejo cómo lo hice, una receta sinvergüenza, porque es un plato de esos que no la necesitan, que todos hacemos en casa, tuneando a nuestra manera.
Pero yo os enseño este, porque claro, para mí es la más mejor del mundo mundial.
Y sería aún más mejor si hubiera tenido unas setas, aunque también le podéis poner espinaquitas.
Y algún fruto seco, piñones, anacardos, o unas semillitas de sésamo.
Todo esto ya si me admitís sugerencias, ¡claro!

Prohibido añadir pimiento.
Todo esto ya si me admitís prohibiciones, ¡claro!

Piadine de verduritas y ricotta
Ingredientes (para 1 ración):
Ingredientes un poco a ojo, según lo que haya por casa, con las sobras, según lo que más nos guste... Exigencias del guión y la despensa
- 1/2 zanahoria picada en daditos
- 1 ajete cortado en rodajitas
- 1/2 berenjena cortada en daditos
- 1/2 calabacín cortado en daditos
- 1 cucharada de salsa de soja
- 1/2 cucharada de salsa teriyaki
- 1 cucharadita de miel (a ojo)
- Pimienta
- 1 tortita tipo piadine
- 1 cucharada de ricotta

Preparación:
1) Calentar bien el wok, añadir un poco de aceite, extender bien y dejar que se caliente.
2) Añadir la zanahoria y el ajete y saltear unos minutos (5-10), hasta que esté algo blandito, a un fuego medio-alto, pero con cuidado de que no se queme.
3) Agregamos la berenjena y el calabacín y salteamos unos minutitos más (3-5).
4) Añadimos la soja, teriyaki y miel y salteamos bien, dándole unos buenos meneos al wok, mientras se evapora, bajando el fuego si es necesario.
Añadimos pimienta (no necesita sal por la soja).
5) Repartimos por la tortita, dejando libres los bordes, echamos por encima la ricotta y enrollamos bien firme.
Envolvemos con papel de aluminio.
Horneamos (envuelta) a 200º durante 5 minutos, bajamos a 180º y dejamos 5 minutitos más.
Lo siguiente no os lo tengo que contar, ¿verdad?

Retirad el papel de aluminio, eso sí.
Todo esto ya si me admitís consejos, ¡claro!

Hace justo un añito: Tartita de arroz con leche, mascarpone y moras. Tan bestial que el taster me hizo la ola (igual este recuerdo sí es más imaginado que el de la col agria), a pesar de las moras.
¿Y hace dos? ¡Qué pesada!: Nachos dulces (con su Cointreau, su helado, su plátano, sus babas...)

martes, 23 de abril de 2013

Libros de cocina - The Smithen Kitchen Cookbook, de Deb Perelman

¿Os acordáis de mi antigua yo?
¿Os acordáis de antes?
Yo era una persona decente, y cada poco os daba la lata con algún libro de cocina, os enseñaba alguna recetilla... Que a una siempre le gusta estar al día del mundillo editorial.

Bueno, vale, yo no era una persona decente, pero sí os daba la lata.
Y ya no lo hago. Y no será porque en los últimos meses no haya descubierto grandes libros, y además, recibidos por sorpresa, pero con mucho acierto, y no de personajillos no, de personas importantes :)
El día del libro puede ser hoy, pero para mí lo ha sido en fechas no señaladas, en las que sabe igual de bien desprecintar un libro, pasar las páginas, cortarse con oler el papel...

En Navidad cayeron unos cuantos. Y uno de ellos fue genial, porque no me lo esperaba para nada nadísima.
Y siempre es agradable recibir una sorpresa, sobre todo cuando la sorpresa es sorpresa.

Me refiero a cuando babeas durante semanas por una falda, no se lo dices a nadie, no se la describes a nadie, la ves tú sola. Y de repente el taster aparece JUSTO con esa falda, JUSTO en la talla que te quedaba bien, y te la regala.

Bueno, vale, no hablaba de esto. Hablaba de Raquel (la novia de Harry Hole no, la otra, con Q de queso de qabrales), que siempre sabe con qué novela sacar mi lado groupie.
Pero en temas de libros recetiles, tiene que sacar su lado aventurero e improvisar. No se le da nada mal.

Esta vez, no sé cómo lo hizo, pero se me presentó con el libro de Smitten Kitchen. ¿¿Lo podía haber hecho mejor??

Así que aprovecharé el día del libro para daros la matraca (de nuevo) con uno de estos :)
No hace falta que me enrolle mucho, cuando se trata del libro de un blojero, uno ya sabe lo que se va a encontrar, y si no, solo tiene que husmear en el blojj en cuestión.
Pero también es verdad que a veces parece que, el blog es tan genial, que poco lo puede mejorar un libro, ¿merece la pena?
En este caso, el libro de Smitten Kitchen me parece muy recomendable, y no solo para un amante de su blog, sino también para aquellos que no conozcan a Deb Perelman, pues este es un libro muy completo, con recetas para todos los gustos, nada repetitivo, y muy inspirador.
Si además eres seguidor del blog, tener este libro entre tus manos es una experiencia de lo más genial, da pena pasar las páginas, porque quieres que nunca se terminen sus textos, sus fotos, sus recetas...

Tapa dura, portada doble (un detalle simple que siempre agradezco, para poder llevar el libro a la cocina), fotografías graaaandes y abundantes (bonitas y a color xD).
Quien siga su blog, se puede hacer a la idea. Sus fotos son bonitas, no es el estilo de Donna Hay, ni Béatrice Peltre en cuanto a la puesta en escena, es otro tipo de atractivo, otra clase de foto, pero sobre todo, son de las que abren el apetito. En algunas páginas nos encontramos alguna serie de fotos más pequeñitas con alguna parte del proceso de la receta. No hay receta sin foto (¡¡bien por Deb!!)

En cuanto a los contenidos, nada raro. Incluye capítulos previos con notas, trucos, trastos básicos y medidas, para luego pasar a las recetas, repartidas entre desayunos, ensaladas, sándwiches, tartas saladas y pizzas, platos principales (vegetarianos, pescado, aves y carne), y una zona de dulces con tartas y pasteles, bizcochos, puddings y bocaditos dulces. Para guinda del pastel un bloque más reducido para picoteos entre amigos y algunos tragos.

En la introducción nos invita a su cocina, es un poco Jamie, en el sentido de que anima a cocinar con lo que tengamos, y eso me gusta, porque yo he aprendido a no desanimarme por no tener o saber usar algo (como el hecho de hacer pan o pizza, aunque no tengamos piedra, ya alcanzaremos el nivel pro algún día, pero mientras, ¡no nos rindamos a Buitoni!, ¿no?).
En las recetas hay algunos consejos básicos útiles, y también hay al final una tabla de conversión.
Aquí es, tal vez, donde encuentro el fallo más gordo del libro. Hubiera agradecido no tener que estar mirando (aunque es cierto que ya estamos acostumbrados y nos las sabemos, pero un Fahrenheit nunca te dará la misma confianza xD) las conversiones de temperatura de horno y tamaño de recipientes, porque en la página de cada receta, estas no vienen ya traducidas. Cada vez son más los libros que, igual que las cantidades de ingredientes, añaden esto, y hubiera estado bien. En cuanto a las cantidades en los ingredientes, estas sí que vienen convertidas.

Por lo demás, la introducción de las recetas es estupenda, es como leer un blog (que es lo que busca una cuando se compra un libro blojero), con sus recuerdos, anécdotas, la batallita de cómo conoció o surgió una receta, qué cambió, cuándo lo probo. En un tono además entretenido, cercano y diverto.

En todos sus apartados las recetas son variadas, no es nada repetitivo, ¡hay para todos! Lo mismo te puedes hacer un desayuno dulce-guarrete total, que con frutas y muy de 'a diario', y si lo que te apetecen son un par de huevos, hay donde elegir, no se limita a una opción, y muchas pueden servir no solo como receta exacta, sino como base para otros platos, jugando con sus ingredientes o ideas.
El de bebidas es me parece un añadido sin excesivo valor, pero bueno, está bien, es su libro y ha introducido lo que más le apetecía, también nos hubiéramos quejado si se tira setenta páginas diciéndonos que podemos echarle al cocktail, o añadiendo veinte siropes que nunca tendremos en casa).

También más breve (no flojo) el apartado de snacks y bebidas, pero al fin y al cabo, es lo que menos realizamos a lo largo de una semana normal, ¿no? Y sí que nos introduce una parte muy interesante, cómo dar una fiesta en casa (que realmente puedas disfrutar), ¡¡muy buenos consejos y trucos!!

Además de un viajecito por el blog de Smitten Kitchen, podéis ver otras recetas suyas en otros, David Lebovitz publica este bizcocho de canela, mientras Elena, de DeliciouStories se decantó por un atractivo Rugelach.
Y este crumble que publiqué yo hace poquito por aquí, está basado en gran parte en un desayuno de su libro.

¡¡Feliz día del Libro!!

Por cierto, ¡¡¡tacha frases en el libro!!! Puede que algún día, escriba uno, siempre supe que tenía madera y calidad, pero que no me lo ofrecían por los tachones.

The Smitten Kitchen Cookbook - Deb Perelman
Editorial: Knopf
Fotografías: Deb Perelman
Fecha de publicación: Octubre de 2012
Páginas: 336
ISBN: 9780307595652

Información del libro en su web en este enlace, donde también hay correcciones para algunos errores que se han colado en él.

lunes, 15 de abril de 2013

Tarta de mascarpone, ruibarbo, ciruelas y frambuesas con crumble ¡¡de cardamomo, avena y avellanas!!

¡¡Mirad qué colores más chulos!! Es un postre de lo más conjuntado
¡¡Buenas!!
En este momento no estamos en casa.
En la cocina no hay nadie, la nevera está (casi) vacía.
Os he dejado preparada un pastel de nombre interminable.
Si te ha gustado, puedes dejarme tu mensaje después de la hora, ¡a la vuelta te contesto!
Si no te gusta, también puedes dejar el mensaje, ¡¡no pienso contestar y lo borraré!!
¡Gracias! (Píiiiiiiii /// 09:22)
Os dejo que os sirváis del postre que preparé con parte de ruibarbo que no utilicé en el pastel de ruibarbo y fresas que salió de mi horno gracias a Rosi, de Sugg-r.

No quería hacer compota o mermelada, porque esa es más fácil de encontrar, incluso por estos lares, o de transportar en cualquier viaje (por ejemplo, ahora mismo, mientras tú lees esto).
Tampoco quería otro postre con fresas, porque aunque forma una pareja encantadora con el ruibarbo, para una vez que lo tienes en casa, quieres algo nuevo, no hacer dos cosas demasiado parecidas.
Basado en un crumble de melocotón del libro de Smitten Kitchen y en la cobertura crujiente con cardamomo de The bojon gourmet, salió este super pastel, que lo tiene todo.
Mascarpone, una mezcla de frutas bien ricas, y una cobertura crujientísima... ¡¡con cardamomo!!

Al El taster dice que no le gustó por las ciruelas (no las come, pero seguro que si no le digo que las lleva, hubiera reconocido que le gustaba), pero la cobertura crujiente le chifló, con el cardamomo, y ya le prometí que le prepararía un crumble con una fruta que le guste, pero con esa cobertura.
Ahora no porque estoy de viaje, claro, a la vuelta.

Tarta de mascarpone, ruibarbo, ciruelas y frambuesas con crumble de cardamomo
Ingredientes (para un molde de 20 cm de diámetro):
Para la base...
- 160 gramos de harina
- 1 pizca de sal
- 1 cucharada de azúcar
- 60 gramos de mantequilla
- 1/4 de taza (4 cucharadas) de crème fraîche
- 10-15 ml (2-3 cucharaditas) de agua (o leche) muy fría (añadiremos más si es necesario)
Crumble de cardamomo...
- 4 cucharadas (unos 40 gramos, máomeno) de harina
- 2 cucharadas de avellanas molidas
- 2 cucharadas de avena
- 4 cucharadas de azúcar
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido (poned menos si lo queréis suave, no es mi consejo)
- 1/4 de cucharadita de levadura química
- Una pizca de sal
- 50-55 gramos de mantequilla muy fría, en dados
- 1 cucharada de azúcar moreno (opcional)
Para el relleno...
- 150 gramos de ruibarbo, cortado en rodajitas de 2-3 cm (desiguales, para mayor placer :P)
- 1 ciruela, cortada en cachos (unos 100 gramos)
- 70 gramos de frambuesas
- Unos 50 gramos de azúcar (esto puede ir a ojo)
- 1/4 de cucharadita de semillitas de vainilla
- Ralladura de limón
- Sal
- Aproximadamente 1/2 taza de mascarpone
Preparación:
Empezaremos por la base, que lleva un refrigerado previo de más o menos 1 horita, y que podemos preparar incluso un par de días antes...
Entre nosotros, todo lo de tanto refrigerado, está muy bien si tienes tiempo, si no, en el punto 3 la extendéis en el molde, refrigeráis 30-60 minutitos, y al horno. No estará tan perfecta y trabajada, pero siemper será más rica que la comprada. 
1) Mezclar en un bol amplio la harina (tamizada) con la sal y el azúcar.
Añadir la mantequilla rallada y muy fría y frotar entre las manos, hasta tener una miga desigual y grumosita.
2) Mezclar la crème fraîche con un par de cucharaditas de agua.
Echar en la mezcla de harina y repartir con una espátula.
Cuando se mezcle bien nos paramos, y si la masa está demasiado seca, añadimos más agua fría a cucharaditas.
3) Extendemos la masa con un rodillo en una superficie enharinada, dejando ½ centímetro, aproximadamente, de grosor, doblamos en tercios, como si doblásemos una carta.
Volver a extender con un rodillo hasta dejar de nuevo 5 milímetros de grosor.
Envolver en film y refrigerar 30-60 minutos (o un par de días si aún no vamos a hacer la tarta).
4) Lo normal ahora es extender la masa en forma de círculo, algo más grande que el tamaño de nuestro molde.
Yo admiro mucho esto, pero, entre nosotros, no es el método que uso, el mío es mucho más rústico, menos ortodoxo, y tal vez muchos me mirarían raro/mal, pero es lo que a mí me funciona.
Lo que hago es extender al modo tradicional la base del molde, el diámetro del fondo. Y luego voy cubriendo las paredes cogiendo cachos del resto de la masa que no he utilizado y presionándolos con las manos por los bordes.
Y si no lo hago así, me queda aún peor. Suena cutre. Lo es. Si no os lo digo, ni os enteráis.
Una vez extendido, refrigeramos otra vez, unos 30 minutos, antes de hornear.
5) Poner un fondo de papel de aluminio y unos pesos sobre la base y hornear a 200º durante 20 minutos.
Retirar los pesos y dejar otros 5 minutos, para dorarlo.
Enfriar.
El crumble lo podemos ir preparando mientras se hornea o enfría la base, con tenerlo hasta el último momento en el frigo es suficiente :)
1) Mezclar en un cuenco la harina, levadura química,
sal, azúcar, avellana molida, cardamomo y avena.
2) Añadir la mantequilla y trabajar con tenedor o las manos.
Reservar en el frigo cuando hayamos logrado migajas desiguales, unas serán como arena, otras como guisantitos (no, no se tienen que poner verdes).
Y lo mismo, vamos preparando la fruta en un bol...
1) Mezclar la vainilla, ralladura, sal y azúcar.
Añadir y mezclar bien los trozos de fruta. El azúcar va a ojo por este motivo, es para cubrir la fruta, nada más.
Toca juntar todo...
1) Untar la base de la tarta con una capa muy finita de mascarpone.
Espolvorear con parte del streusel.
Colocar la fruta, con los jugos que haya podido ir soltando en el cuenco.
Echar el resto de mascarpone y el crumble, esta vez cubriendo toda la superficie.
Si queremos, podemos espolvorear ahora la cucharada de azúcar moreno (la opcional de la lista de ingredientes).
2) Hornear a 190º durante unos 50 minutos.
La fruta ha de rebelarse y burbujear (si rompe el crumble ya es la caña), y el crujiente ha de estar doradito.
Si vemos que antes de tiempo se nos ha puesto muy dorado, cubrimos con aluminio.
Si la base (que ya estaba horneada) corre peligro de quemarse, cambiamos la función de horno y pasamos a calor solo arriba, o incluso subimos más arriba el molde, tapándolo con aluminio.
Podemos enfriar y servir templado, o tomarlo frío. Helado de yogur y frambuesas, ¡gracias!
Cuando hago este tipo de postres, si lo voy a probar más tarde, prefiero calentar a 180º durante unos 5 minutitos, para que se ponga crujientita otra vez la costra y tomarlo pelín templado (he dicho helado).
No os he dicho que estoy de vacaciones, ¿verdad?

viernes, 12 de abril de 2013

Chips de patatas violetas after the beep


¡¡Hola!!
No estamos en casa.
No sé qué vas a servirte hoy...
Hasta las patatas se nos están poniendo moradas...
Puedes probar, igual aún están crujientes.
Si quieres, deja tu mensaje después de la señal (Píiiiiii, beeeeep, ¿¿lo oyes??)

Si eres demasiado terrenal para recibir señales, puedes hacerlo donde pone Comentarios.
Gracias, ¡y hasta pronto!
Este es un mensaje que se pone en el contestador cuando te vas de viaje, pero quieres dejar algo rico a los que no están de vacaciones (y a los que lo están también), y si es posible, darles una miguita chiquitita de envidia.

¿Qué os parece este picoteo?
Las patatas fritas crujientitas están de vicio.
Y si encima son pequeñitas y de colores, más divertido todavía.

¿Hace falta receta?

Chips de patatas violetas
Ingredientes:
- Un montonazo de patatitas moradas, bien limpias si no vamos a pelarlas
- Una tía señorita (sí, sigo hablando de mí misma) con ganas de enredar en la cocina
- La arriba mencionada ha de tener muuuuuuuuuuucho tiempo libre ese día
- Un pelador de verduras (ya si tenéis mandolina sois la monda)
- Un guante anti-cortes (¿qué? A mí después de lo del panettone, me trajeron uno los Reyes, en lugar de un molde para hacer el susodicho...)
- Un caballero hombre que no tenga miedo al aceite caliente
- Una sartén bien amplia con aceite bien bien caliente, y un horno precalentado a una temperatura bajita
- ¡¡Sal y pimienta!!

Preparación:
La señorita del tiempo libre y las ganas de enredar se ha de meter en el berenjenal (y no lo digo por el color) de tirarse toda la mañana pelando patatas.
Es decir, ir a la cocina, pelar dos, cansarse; volver a la cocina, otro par, retirarse de nuevo...
Y así hasta que una se aburra tanto que decida no volver.
Con el pelador de verduras quedan bien finitas (si hay mandolina, másqueperfecto, ¡claro!).
Las patatas que vayáis cortando-pelando, las podéis ir poniendo entre papel de cocina, y dejar que sequen bien bien, pues así luego se pondrán muy crujientes.
Como veis, eso a mí se me dio de vicio.
Cuando ya le hayas cogido el truquillo (las primeras dos patatas, mezcla de miedo y torpeza, me llevaron como 10 minutos, o eran 5, pero 5 interminables, luego ya ibas cada vez más rápido) y cortes los chips bien rápido, verás que ya hay demasiados (o peor, se te habrán acabado las patatas). Pues bien, espero que sea como montar en bicicleta. Lo dejamos aquí.
Aparece ahora en escena el taster, el hombre sin miedo, la vida es riesgo, él no le teme al aceite caliente.
Pues bien, sartén con abundante aceite, calentar bien bien, y freír las patatitas en tandas y sin amontonar, hasta que estén bien crujientes.
Si queréis mantener entretenida a la enreda, os han salido un millón de patatitas, y se van a enfriar, podéis dejarla que las vaya colocando en un horno a unos 80º, donde se mantendrán calientes, sin ablandarse ni enfriarse.
Salpimentar, callarse, comer.

Hace justo un añito: Pues hace un añito tenía esta tarta de queso y calabaza, pero no estaba de vacaciones.
¿Os he dicho que estoy de vacaciones? Ah, pero no os he contado que estoy de viaje, ¿no?

martes, 9 de abril de 2013

Tantuni

Este es uno de esos platos que preparas por el nombre.
Tantuni.
Uyyy, ¡¡qué nombre más cute!!
Esto lo tengo que preparar yo, aunque lleve atún. Con ese nombre tiene que ser más majo que las pesetas.

Bueno, vale, donde viene el nombre, viene la foto, y tú ya estás viendo que es carne, que parece pollo, además.
Porque si hubiera visto un pimiento relleno o un pedazo de pescado junto con la palabra tantuni, seamos (yo) sinceros sincera, ¡¡¡no me hubiera parecido en absoluto un nombre cute, simpático, agradable y adorable!!!

Así que hoy os puedo dejar esta receta, porque una vez catada, no solo es simpática de nombre, sino una manera estupenda de preparar en casa comida turca, variando un poco del repertorio dürüm, doner kebab, lahmakun y similares de los establecimientos de comida turca*. Uy, por favor, con lo que me gustaba a mí el dürüm, hará siglos años que no lo pruebo, qué ganas me están entrando.
* Sí, sé que existen restaurantes, versión no fast food, de comida turca. Estoy tirando de tópicos, que queda mejor para presentar la receta.

A lo que iba, trataba de convenceros de que, en lugar de comer un kebab por la calle, que es muy poco glamouroso, con toda la salsa chorreando, y envuelto en papel (remitámonos nuevamente a *), os preparéis en casa este tantuni.
El mío sigue las recetas de Nesrin's Küche y de Kochtopf, a quien muchos conoceréis por el World Bread Day.
Forma parte del evento blog que celebra, en el que hace poco la temática era La cocina del sultán, y en cuyo recopilatorio podéis encontrar cosas magníficas.

El mío va servido con piadina, que no será lo más ortodoxo para comer un plato turco, pero es lo que tenía por casa. Sacrilegios, as usual. Llamémoslo fusión, mucho más chic.
Petarda.

¿Quién se apunta?

Tantuni
Ingredientes:
Con estas cantidades el taster comió... y le sobró relleno para medio rollito para la merienda.
- Unos 350 gramos de pechuga de pollo
- 2 cucharaditas de curry
- 1 cucharadita de pimentón (dulce)
- 1 cucharadita de comino
- 2 dientes de ajo machacados
- Sal
- Pimienta
Para la salsa...
- 6-7 tomates secos
- 1 cucharada de pasta de tomate
- Unos 75 ml de agua
- Una pizquita de pimentón (dulce otra vez)
Para montar bocaditos...
- Tortitas (de piadina, fajitas, o bien algún pan tipo pita o turco)
- Ensalada (o unas espinacas, arroz...)
- Queso feta desmigado

Preparación:
Lo primero es adobar el pollo...
-) Cortar en trozos gruesos la pechuga de pollo.
Mezclar en un bol el curry, pimentón, comino, ajo, sal y pimienta.
Meter los cachos de pollo en el bol y cubrir bien con la mezcla, removiendo bien con las manos.
Poner en una fiambrera, bolsa o envuelto en film durante al menos 1 hora (yo lo tuve 5-6 horas).
Nos ponemos ahora con la salsa...
La podemos hacer un rato antes (yo la hice en cuanto adobé el pollo) o justo antes de cocinar (porque no se tarda mucho en hacer).
1) Trocear muy finitos (podéis usar una picadora, aunque no lo veo necesario) los tomates secos.
Poner en un cazo pequeño con el agua, el pimentón y la pasta de tomate, calentar a fuego medio o medio-alto.
2) Una vez ha hervido, lo cocinamos a fuego medio o medio-bajo durante unos 5 minutos, o algo menos, hasta que espese.
Reservar (si queremos podemos triturarlo, pero a mí me gustaba más con esos cachitos de tomate seco).
Y cuando toque...
1) Calentamos un poco de aceite en una sartén y cocinamos la carne, a fuego medio-alto, hasta que esté selladita por todos lados (las especias nos impedirán buscar el tono dorado :P).
2) Añadimos la salsa a la cazuela, removemos, y dejamos a fuego lento durante un par de minutos.
Servir con ensalada, el queso feta, y unas tortitas, para poder hacer bocaditos.
El taster me dejó probar, y estaba para apuntarse.

Hace justo un añito: Galletas con pepitas de mantequilla de cacahuete. ¡¡Adictivas!!

miércoles, 3 de abril de 2013

Deudas pendientes - White Russian con horchata

Hoy tengo que dar varias explicaciones...
Ya no son tantas.

Hola, taster.

Qué sorpresa, ¿verdad?

Te estás preguntando por qué no has probado tú esto.No tiene explicación que no contase contigo para preparar esto, si no lleva berenjena, ni setas, ni huitlacoche, ni calabaza, ni tampoco es careta de cerdo, zarajos o cuellitos de pollo.
No es ya que no tenga explicación. "¿Cómo has podido abrir las botellas sin que te las preparase previamente?", te estarás preguntando. Esto no lo tacho, no cambia la cosa, ¿verdad?

¿¿¿¿Hay algo peor que preparar un cocktail sin contar contigo????
¡¡Usando además una de TUS botellas de Absolut!!
Te dije mil veces que quería probar un white russian con horchata (que en la receta original es una horchata de arroz, por cierto).
Y siempre he respetado que, en esta casa, quien lleva la cocktelera, eres tú.
Pero esto es como lo de la mirilla de la puerta.
Como lo de la pintura del cabezal.
Al final esto lo he tenido que hacer yo.
Como lo del cuadro que ahora colgabas tú.
Vale, esta me la he inventado.
Supongo que por algo piensa mi madre que tu primer apellido es "Para Luego".
Tendría que hacer como ella, que si te manda cambiar una bombilla, te supervisa todo el proceso.
Por eso ella tiene bombilla nueva, y yo sigo con lo de la mirilla la pintura del cabezal.

Pues bien, taster, un día que no trabajaba, a eso de las cuatro de la tarde, la hora a la que la gente normal, o los like a Sir como Ana se toman su cafelito, a mí me entró antojo de Kahlúa. Pero de Kahlúa con horchata, con vodka, con canela. De lingotazo fino.
La gente como Ana, va corriendo al twitter y lo publica: "Miraloquetengo".
Yo sé esperar, lo sirvo todo en plato frío: "Miraloqueteperdiste".
Lo siento, taster, otro día, quizás te prepare uno a ti...

Este es era para el chico con plátano de los tuppers de horchata.
Le había prometido algo con horchata (congelada) que yaverásya.
Le había asegurado que le iba a gustar (¿?).
White russian de horchata, ¿cómo lo ves?

Y es que en Navidad obligué a Carlos a preparar horchata navideña.
Pero para probar una taza, tenías que hacerte con litro de horchata.
Tiré la mitad, y el resto ha ido dando vueltas por el congelador tras un periplo en la nevera.

A él también le voy a tener que presentar mis excusas.
Te pido perdón porque, para una vez que te invito a una copa, en lugar de confiar en el chef cocktelero, he sido yo la que lo ha preparado.
Yo, que nunca sé cuántos hielos poner.
Que lo sirvo todo feo, porque lo de adornar el aro del vaso no es lo mío.
Que se me va la mano con el alcohol porque siempre me parece poco, aunque luego los cocktails no me gustan muy cargados.
Que crujo los hielos con las manazas.
Y que soy tan mala anfitriona.
Porque como ves, no hay dos vasos.
Como estás pensando, nadie se ha bebido tu copa, más que yo.
Como te puedes imaginar, he usado el plan Ana: "Yo me lo guiso, yo me lo como, mira lo que tengo, chimpúm".

¿¿Os esperabais que fuera tan malvada??
Not my fault.
Es que es triste librar un miércoles, así, sin más, que la falta de la rutina de la oficina hace que te tengas que lanzar a la bebida en tu casa, tú sola, a las cuatro de la tarde. Qué penita.

La idea de usar horchata la saqué de Sandwich Sunday, que usa horchata de arroz.

No te quejes, al menos a ti (tú) no te preparan sopita de pimientos...

Horchata white russian
Ingredientes:
Así, en resumidas cuentas, hablamos de 3 partes de horchata por 2 partes de vodka y 1 de Kahlúa
- Un puñado de hielos (helados)
- 30 ml (2 cucharadas) de Absolut
- 15 ml (1 cucharada) de Kahlúa
- 45 ml (3 cucharadas) de horchata (muy muy fría)
- Un palito de canela
- Canela molida o cacao en polvo

Preparación:
1) Echamos los hielos en el vaso.
Picados a ser posible si no tenéis mucha urgencia.
2) Añadimos el vodka, la Kahlúa, y por último, la horchata.
3) Espolvoreamos con un poquito de canela o cacao en polvo y adornamos con el palito de canela, que necesitaremos para mezclar bien nuestro white.

Hace justo un añito: Quesada sacrílega, no sé si estaba tan buena porque lo estaba, o porque era muy sacrílega...